«Otra pieza de intimidad de la cineasta argentina más sutil»

[Fragmento de la crítica de Daniel de Partearroyo, Cinemanía, abril 2017]

La segunda película de Milagros Mumenthaler, tan hermosa, íntima y delicada como Abrir puertas y ventanas, deja huella con una secuencia imposible de olvidar (…), cuando Inés habla con su madre en la escena de chat más natural y mejor resuelta que haya visto el cine hasta ahora, a la vez que rastrea la superficie pixelada de la única foto que tiene con su padre, desaparecido de la dictadura militar».

«Ejercer la memoria hace bien, tanto en lo individual como en lo colectivo»

[Fragmento de la entrevista a Milagros Mumenthaler por Philipp Engel, Fotogramas, abril 2017]

El título ya da la idea de abstracción, ¿la idea es meternos en la mente de Inés? Sí, desde el principio tenía la premisa de entrar en la cabeza de Inés, y que sea ella la que nos guíe: mostrar cómo funcionan los recuerdos, que son construcciones mentales. Inés sólo tiene una foto de su padre y una foto puede ser un anclaje a la realidad, pero también puede ser un disparador de miles de preguntas.

(…) ¿Recordar es bueno? Creo que la memoria es un salvavidas. Ejercer la memoria hace bien, tanto en lo individual como en lo colectivo.

«Una reivindicación de la infancia como sinónimo de aventura, libertad y curiosidad»

[Fragmento de la crítica de Pere Vall publicado en Fotogramas, abril 2017]

[…] La idea de un lago es una reivindicación de la infancia como sinónimo de aventura, libertad y curiosidad, de experiencias que, si son capturadas e impresas, regresan a nuestro presente para alegralo o atormentarlo, para cuestionarlo o aprobarlo. Sin temor a mirar a la cámara (es parte del juego), sin miedo a ser demasiado literal, la película reflexiona sobre un trauma (la represión militar) desde la poesía.

Palabras de la directora

La idea de un lago surge del libro de fotografías y poemas Pozo de aire, de Guadalupe Gaona, un trabajo autobiográfico que pone en el centro la ausencia de su padre, quién despareció en marzo de 1976, durante la dictadura cívico-militar argentina.
Con el objetivo de respetar el libro –por la autora, por lo que cuenta y por lo que su lectura provocó en mí–, supe desde el comienzo que la película tenía que basarse sobre dos ejes: uno, en lo documentado; el otro, en la memoria, donde los recuerdos y la imaginación se entremezclan e irrumpen en el presente.
Esta fue la base de la película y durante todo el proceso me propuse no traicionar ese impulso. Pensé en una protagonista, Inés, quien intenta terminar un libro de fotografías sobre su padre durante el embarazo de su primer hijo. ¿Qué le estará pasando por la cabeza? La necesidad de darle respuestas a su futuro bebé la llevan a buscarlas ella misma. En ese recorrido, mientras su relación de pareja se tambalea, aparece un fuerte conflicto entre madre e hija en torno a la figura del padre desaparecido.
Intenté no contar los hechos histórico-políticos para poner el foco en lo que la figura del padre deja y en cómo se vive con esa ausencia.